domingo, 26 de abril de 2009

Un abrazo humano

Me desperté sobresaltado: estaba a punto de hacerle el amor a aquella chica que repartía los papelitos de la discoteca en la calle… Presione el snooze y recordé el día anterior sumergido en una ligera ensoñación.

Ella me había preguntado si tenía frío, al verme caminar con pantalones cortos en pleno invierno; yo de idiota le respondí que no, que venía de jugar fútbol, y seguí caminando... Durante el resto del trayecto a mi casa no pude dejar de pensar en ella, mientras me moría de frío. Era hermosa, alemana o algo así. No hablaba muy bien el español, sin embargo, su pregunta había sonado como la melodía más dulce del mundo, y recordar su sonrisa me resultaba casi masoquista. ¿Por qué había seguido de largo?

Momentos antes había estado sentado en una banca, a dos grados bajo cero, observando a unos chicos locales jugar fútbol. Mi cuerpo helado temblaba del frío y de rabia. Una rabia que se había creado en mi interior después de haberle pedido permiso a los chicos para jugar en el equipo que tenía uno menos...

- No tío, estamos practicando – me contestaron de forma unánime; ni siquiera lo pensaron.

El equipo que tenía uno menos estaba siendo mutilado, totalmente destrozado a merced del otro, ante la desigualdad de condiciones en las que se encontraban. Pero ni aún así me invitaban a jugar... Sus miradas simplemente me evadían; yo no era uno de ellos…

Estuve a punto de meterme a destrozarles el balón y acabar así con el juego. Pero justo en el climax de mi desprecio hacia ellos, mi rabia se convirtió en tristeza, y pensé: ¿Acaso no nos molestan los indigentes que se nos piden una moneda, muertos de frío en una banca, mientas nosotros seguimos jugando e ignoramos su presencia?... En este mundo no todos encajamos.

* * * * * * * * *

Cerré los ojos por completo, mientras esperaba el fin del ciclo del snooze, y logré invocar a la alemana que repartía los papelitos en la calle. “No tienes frío?”, me preguntó. “No si tú me abrazas...”, contesté yo.

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